En colores vivos se guarda el ayer,
la bomba y plena laten con poder,
raíces profundas que saben crecer,
preservan la esencia que no va a ceder.
En murales vivos la lucha se ve,
grafitis que gritan contra el mal que fue,
un pueblo que alza su voz y su fe,
resistencia eterna, a fuerza de café.
Canción de protesta, un himno pa’ cambiar,
verano de lucha, el pueblo a marchar,
con ritmo y palabra, se hace vibrar,
la hoguera viva que invita a soñar.
Donde el huracán dejó soledad,
el arte transforma dolor en bondad,
en la oscuridad un mural florece,
enseñando resiliencia a la comunidad.
En aulas y calles, la voz se levanta,
la mente se encanta, educa, empodera,
fomenta el futuro que el arte trasplanta,
marcando el inicio a una nueva era.
Espacios urbanos que la mano revivió,
ya no hay paredes muertas, el arte las encendió,
Loíza brilló, renace Santurce,
el alma del pueblo zurce con emoción.
Y canta la diáspora los sueños que amaron,
boricuas conectados como micorrizas,
esas raíces que aunque lejos jamás olvidaron,
son las mismas que a la cultura inmortaliza.
El arte en su fuego forjó identidad,
resistencia viva, pura humanidad,
un pueblo que lucha con creatividad,
moldeando su destino con toda diversidad.