Creo que los labios son un mapa,
un terreno que el alma nunca atrapa.
Son brújulas que marcan el temblor,
puentes de fuego entre miedo y amor.
Cada beso lleva secretos guardados,
ecos de sueños que no han despertado.
Es tinta invisible en piel desgastada,
poesía muda en lengua callada.
Besamos al borde de cada vacío,
ahogando el clamor de un silencio frío.
Es un pacto sutil entre lo prohibido,
un roce que salva lo no entendido.
Hay besos que son como un juramento,
otros que estallan en puro tormento.
Son verbo sin forma, letra en suspenso,
abrazo sin tiempo, caótico y denso.
La palabra se quiebra, el labio responde,
la esencia de un beso jamás se esconde.
Es alma desnuda en breve contacto,
un fuego que arde, intenso y compacto.
Por eso los labios son más que fronteras,
guardan en su borde verdades enteras.
Y aunque las palabras se pierdan en vano,
los besos revelan lo más humano.