No nací con cadenas ni líneas trazadas,
ni el cielo me impuso fronteras cerradas.
Mi alma es errante, mi cuerpo un compás,
que gira hacia donde la vida va en paz.
No hay mapa que encierre mi ser verdadero,
ni patria que impida cruzar un sendero.
El mundo es mi casa, mi piel es bandera,
mi acento es del viento, mi ley más sincera.
¿Qué ley detendrá a un latido que migra?
¿Qué muro detiene la sed que se integra?
El alma no entiende de visas ni guerra,
sólo de abrazarse al rincón de esta tierra.
Soy libre por dentro, lo grito sin miedo:
no acepto que un sello determine un credo.
Migrar es un acto de amor y de fe,
dejar lo que duele… buscar el porqué.
No soy invasor, soy parte del viaje,
del río que cruza montañas sin traje.
No hay paso ilegal cuando empuja el destino,
ni sombra que esconda un sueño genuino.
He visto en los rostros la misma esperanza,
miradas que sueñan con nueva bonanza.
He sido el que cruza sin más equipaje
que un beso guardado y un viejo linaje.
¿Quién dicta los límites de mi existencia?
¿Quién cobra tributo por mi resistencia?
Mi idioma es el canto, mi fe la ternura,
mi causa: que todos tengamos apertura.
Si voy hacia el norte, si busco en el sur,
es porque mi alma se expresa en su tour.
No pido permiso por ser quien yo soy,
solo ando buscando un lugar donde ser.